Periodista uruguaya, radicada en Israel hace más de 35 años, directora de Semanario Hebreo, único medio de prensa escrita que nos permite leer, semana a semana, interesantes y valiosas entrevistas, informes, opiniones y editoriales respecto del quehacer judío uruguayo, de Israel y del Medio Oriente. Columnista en medios uruguayos y corresponsal para varios países.
Ana, vivís medio tiempo en Uruguay y medio tiempo en Israel, a tal punto que solés reiterar que en tus viajes hacia uno u otro, no sabés si estás yendo o volviendo … por eso, a cada pregunta, respondela desde la visión de país que decidas, aunque supongo debe haber coincidencia en la mayoría.
Te diría que siento que tengo muy bien incorporadas las distintas partes de mi identidad. Estoy muy arraigada en Israel desde que me radiqué en el país en 1979 y al mismo tiempo me sigo sintiendo muy uruguaya, cada vez más y no menos menos conectada. Le dije una vez a Jaime Clara en una entrevista, parecido a lo que mencionaste, que yo siento que vuelvo cuando viajo de Israel a Uruguay y también cuando voy de Uruguay a Israel.
¿Te definís feminista?
No, la verdad que no. Me parece clave, esencial, que la mujer se pueda hacer el lugar que desea de acuerdo a sus aspiraciones e inquietudes, que pueda conciliar entre sus objetivos profesionales y su familia. No tengo dudas de la capacidad de mujeres para desempeñarse en las áreas más diversas. No me entra en la cabeza que haya lugares en los que la mujer sea considerada de segundo grado, en los que alguien se crea con derecho a dominarlas. Pero sinceramente no lo etiquetaría como feminismo. Siento que es una cuestión básica de derechos por la que también los hombres civilizados todos deberían luchar.
¿Cómo fue para ti, conjugar la maternidad, cuando tus hijos eran pequeños, con la tarea periodística a tiempo completo?
La verdad es que requiere bastantes malabarismos por la simple razón de que aún no se ha inventado la forma de estar en dos o tres lados a la vez ni de estirar el día de modo que tenga más de 24 horas. Pero no lo digo en absoluto en tono de queja. Mis tres hijos crecieron sabiendo que mamá siempre tendrá adonde viajar a una entrevista o que puede tener que interrumpir algo para hacer una transmisión, pero creo que también crecieron teniendo claro que ellos serán siempre lo principal.
De chicos sabían que si está la puerta del escritorio cerrada, es porque estoy hablando con alguna de las radios de las que soy corresponsal. Yo trataba de trabajar siempre con la puerta abierta, para que sientan la presencia de mamá, con esa señal de que puerta cerrada es más o menos como la luz roja prendida a la entrada de un estudio de radio o televisión. Pero a veces, por la impaciencia de decirme algo, entraban y me escribían papelitos. Alguno hasta lo tengo colgado todavía de recuerdo en mi escritorio.
Claro que hubo momentos en los que fue difícil de maniobrar, especialmente al vivirse situaciones de emergencia, que nadie puede planear de antemano. Si estaba sola en casa con un bebé o un niño muy chico, está claro que nunca jamás consideré la opción de dejarlo solo para ir a cubrir algo. Pero iba adaptando el margen de maniobra a la situación. Recuerdo una vez que estaba por salir a llevar a los chiquilines a la escuela y el jardín de infantes, y de repente llega la noticia de una explosión en Jerusalem. El grande ya estaba en edad de cuidar a su hermana menor, así que decidí que no vayan a estudiar, se quedaron ambos en casa y yo salí a cubrir el tema.
En algún aspecto y laboralmente hablando, ¿se te abrieron puertas específicas por ser mujer? Igual pero al contrario, ¿se te cerraron?
Es difícil saberlo. O sea, nunca me ocurrió eso en forma explícita, declarada, que yo recuerde. Pero no descarto que el ser mujer haya ayudado en determinadas situaciones por un encare especial que podemos tener las mujeres. Aunque no somos todas iguales por cierto, hay en general un ojo femenino, otra sensibilidad, creo que a menudo otra capacidad de empatía. Y eso, estoy segura, influye en la capacidad de interacción con la gente, con los entrevistados.
¿El periodismo es machista?
Creo que mucho menos que antes. En Israel te diré que hay varias periodistas mujeres que tienen a su cargo coberturas de temas de seguridad. Entre ellas, la ya mítica cronista de asuntos militares de la radio pública israelí Carmela Menashe, así como también la cronista de asuntos policiales de Galei Tzahal,la emisora del ejército, Hadas Shtaif (la verdad, no sé si deber escribirse así en letras latinas, pero seguro suena así su nombre en hebreo).
Pero además, hay varias mujeres muy destacadas en el periodismo israelí, que aparecen solas en pantalla en horas pico (a mi amiga Blanca Rodríguez de Canal 10 siempre le digo que es como la Yonit Levy que conduce el informativo central de lo que era antes del Canal 2 de la televisión israelí), mujeres que cubren áreas centrales de interés, como Dana Weiss que es la cronista política de ese informativo y acaba de acompañar por ejemplo al Primer Ministro Netanyahu a Estados Unidos y le hizo varias preguntas al Presidente Trump en la parte abierta de la reunión.Y ni que hablar de Ilana Dayan, una de las periodistas más aguerridas y respetadas de Israel, que tiene desde hace años lo que yo considero es el principal programa televisivo de investigación, de primer nivel.
¿Cómo fue para ti, como mujer, la experiencia de corresponsal de guerra?
Ante todo, no diría que soy “corresponsal de guerra” en el sentido tradicional de la palabra, porque no es que esa es mi área de cobertura y cada vez que hay una guerra ahí me mandan mis diarios a cubrirla. Yo cubro la situación general aquí, diferentes aspectos, no sólo la guerra. Claro que también la guerra y el terrorismo.
Creo que lo más difícil es cuando uno no está en el lugar como un extraño que “mira de afuera” sino cuando uno es parte y cría hijos en Israel. Claro que está también la adrenalina de la pasión por la cobertura, pero al mismo tiempo es ineludible y angustiante preguntarte hasta cuándo…y si cuando mis hijos críen hijos también tendrán que lidiar con estas situaciones.
Recuerdo que hace unos pocos años hubo un atentado en un bus y era en una zona en la que podía estar mi hijo menor. Había salido ya del liceo y un rato después iba al crossfit, pero no me atendía el teléfono y yo no sabía si se había quedado con amigos hasta la hora de ir a hacer deporte, o qué había hecho. No le contestaba a nadie. Cada uno de la familia iba a ubicando al otro pero Alon no contestaba. Llamé a la radio de España de la que soy corresponsal hace añares, Onda Cero, pero después de decirles “hubo un atentado con explosivos en un autobús, les aviso por si quiere que salgamos al aire”, agregué “y no logro encontrar a mi hijo”. Y me puse a llorar al teléfono. La compañera que me había atendido quedó petrificada.
¿Considerás que hay equidad en el campo laboral?
Es un hecho que no lo hay, en el sentido que hay aún diferencia en algunos casos en el salario de la mujer y el hombre, por los mismos puestos. Y estoy segura que aunque no lo puedan decir explícitamente porque serían penados por ley, hay sitios en los que tendrán reparos en recibir a una mujer joven si todavía está en etapa de tener hijos. Por otro lado, está claro que la mujer se ha ido abriendo caminos en muchos sentidos en todo tipo de trabajos y en Israel ha llegado a posiciones altísimas. Ha habido, como sabemos, una Primer Ministro mujer, Golda Meir. Ha habido y también hoy hay una mujer como Presidenta de la Suprema Corte de Justicia. Para el Semanario Hebreo de esta semana justamente por el Día internacional de la Mujer, hice varias entrevistas con mujeres interesantes. Una de ellas, es la Directora General del Ministerio de Justicia, Emi Palmor, que ha desempeñado cargos de altísimo nivel ya antes inclusive en áreas consideradas muy poco “femeninas” como comisiones especiales relacionadas al tema de presos de seguridad. Otra es la científica uruguaya-israelí Regina Golan Gerstl, que me contaba sobre el creciente lugar de la mujer en la ciencia.
Falta mucho, sin duda. Pero te diría que nunca me gustó mucho el tema de las cuotas para mujeres. . Hay que garantizar que aquella mujer capaz que quiera hacer carrera profesional en distintas áreas, pueda hacerla, pero también hay que ser consciente de que hay mujeres que optan por otro camino, que no sienten que es una concesión o una renuncia a algo clave, el dividir la vida entre el trabajo y la casa, la familia, los hijos.
Aunque yo tengo mi intensa vida profesional, siempre sentí que una mujer realizada no es necesariamente la que alcanza un alto puesto en su trabajo. O mejor dicho, no solamente la que se destaca en logros profesionales. La realización pasa, creo yo, por sentir que una se dedica a lo que ama.
Es imposible no mencionar algún pensamiento sobre los femicidios que ocurrieron en nuestro país, la violencia de género, las denuncias que se hacen y las que no…
Es un tema terrible realmente. El solo imaginar que una mujer vive amenazada, amedrentada, que es violentada o asesinada porque quiera cortar una relación por ejemplo, es estremecedor. El tema de las denuncias es muy complicado. No sé si hay plena conciencia sobre por qué la mujer a veces durante años no denuncia que fue violada, y en muchos casos es por un familiar, un vecino, alguien conocido, y oímos cada tanto eso de “¿por qué no habló?”. Creo que a un hombre promedio le cuesta entender la combinación de vergüenza y temor que siente una mujer abusada. Y en este sentido creo que la educación es clave, aunque claro que se necesita todo el rigor de la ley.
En Israel también ocurre, que esté claro. Y el tema no es sólo cuando se llega al asesinato, sino también el acoso, la falta de respeto a la voluntad de la mujer.
Y justamente en Israel hubo una fortísima campaña de “MeToo”.
¿Existen en este sentido políticas israelíes que podrían implementarse aquí?
La verdad que más que políticas formales determinadas, lo que destacaría en Israel es la fuerza de la opinión pública, de la lucha de concientización a través de los medios. En la campaña MeToo fue impresionante, pero no sólo allí. Es que no basta con que por ley en los ministerios y grandes empresas tenga que haber una persona a la que recurrir para denunciar acosos, ni que por ley esté prohibido aprovechar de la autoridad para imponerse indebidamente…la concientización de la sociedad es clave, quizás más importante todavía que los recursos sociales.
Una destacada periodista israelí que ya mencioné antes, Dana Weiss, escribió una nota interesantísima sobre lo logrado por las mujeres el último año en términos de lo claro que sentaron el límite de lo que se puede y lo que no, y de por qué el hombre no tiene derecho a cualquier cosa porque se le antoja. Y dio ejemplos concretos de reuniones en las que participa, que comienzan con su interlocutor masculino, preguntando si puede dar un beso para saludarla, si está bien darle un abrazo amistoso o si está permitido elogiarla por cómo se ve. Y esta concientización se logró gracias a la enorme presencia que tuvieron las mujeres en los medios, a la fuerza que se dio a la lucha contra el fenómeno. Una pieza clave aquí fueron las mujeres valientes que hoy son conocidas por sus distintas actividades, que salieron en público a decir “a mí también me pasó, me lo hizo fulanito, y no va más”.
¿Cómo involucrarías a los hombres en la lucha por los derechos de la mujer?
Es, salvando las distancias, algo parecido a la lucha contra el antisemitismo o el racismo. Debe importar no sólo a los judíos la primera y no sólo a los negros la segunda. Debe importar a todo aquel que quiere vivir en una sociedad sana y digna. Si la sociedad en la que uno vive no respeta los derechos de la mujer, no es una sociedad sana, y eso es malo también para los hombres que viven en su seno.
Hay algo más que podemos decirles a los hombres respecto a los derechos de la mujer: el que golpea, es violento física o verbalmente, el que abusa y domina, nada tiene de hombre. Le falta sin duda seguridad y virilidad, si necesita la violencia para imponerse.
Finalizando, si te pidiera menciones mujeres referentes, en tu vida, en tu tarea, en tu accionar, ¿a quién mencionarías?
No sé si podría hablar de referentes, pero sí de mujeres a las que admiro, cuyas historias y actitud ante la vida me resultan ejemplares. Una de ellas fue la recientemente fallecida Dra. Eva Fogel de Korc, la primera mujer y por cierto también la primera judía en ingresar a la Academia Nacional de Medicina del Uruguay. Destacada neumóloga y toxicóloga que se abrió camino por su dedicación y alto nivel. Pero ante todo, una gran amiga de mis padres, muy querida por nuestra familia.
Otra mujer cuya marcha por la vida deja huella es Charlotte de Grunberg, o como muchos la conocen ahora por la impresionante novela de Ruperto Long, “la niña que miraba los trenes partir”. Pasó años, de niña, escondida, durante la guerra y supo abrir una nueva página al llegar a Uruguay. No olvidó pero no quedó sumida en el pasado, por más difícil que haya sido. Quizás porque tuvo la fortuna de salvarse de los nazis junto a su hermano y sus padres, algo poco común por cierto en aquellos tiempos.
Recuerdo que de chica, o más bien muy jovencita, conocí a una gran amiga de mis padres, la Dra. Elsa Fernández de Borges…y esa mujer llenaba el corazón. Fue maestra rural, estuvo en la política, grande por lo alta, por la fuerza de su voz y por su sensibilidad y nivel. La recuerdo con muchísimo cariño y cuando pienso en mujeres inspiradoras, ella es una.
En Israel conocí muchas mujeres ejemplares y opto por dar como ejemplo no nombres específicos, sino, si cabe el término, encares. Mujeres que perdieron a seres queridos en guerras o atentados y lograron seguir adelante, sin olvidar pero sin llenarse de odio. E inclusive participando en grupos de diálogo con palestinos, convencidas de que la alternativa del rencor y la guerra siempre es peor. Mujeres que lidiaron con la adversidad y no se dejaron caer, como la deportista Pascale Bercovich a la que espero entrevistar pronto. Aún no la conozco personalmente, pero sí su historia. De jovencita perdió las dos piernas al resbalarse por accidente hacia unas vías ferroviarias pero eso no la detuvo y creo que ya ha dejado de contar cuántas medallas ha ganado en competencias internacionales en deportes paralímpicos. Y seguro que después de esta entrevista, me acuerdo de decenas más que ameritaría mencionar.
¿Una anécdota desde tu ser periodista mujer?
Creo que las mejores son las relacionadas a la mezcla constante de mi trabajo y mi dinámica familiar, porque en esto no hay horarios y porque es muy común que muchas situaciones o cosas que alguien comenta, a mí me dan ideas sobre una nota o posible entrevista. Mis hijos siempre se ríen de eso, en buena onda por supuesto.
Hace varios años entrevisté en su casa en la localidad de Um Tuba en la parte oriental de Jerusalem a Muhamad Abu Tir, un parlamentario de Hamas que se había hecho muy popular en Israel porque su figura, con la singularidad de su barba pelirroja, había sido convertida en uno de los personajes de un famoso programa satírico. Recuerdo que le pregunté a él, para otro tema que debía cubrir, si tiene el teléfono de un catedrático en temas del Islam al que yo quería entrevistar. Quedó que averiguaría y me avisaría. Horas más tarde, yo estaba sentada en mi escritorio y sonó el teléfono, que había dejado en el comedor. Mi hijo mayor fue a atender y ve en la pantalla “Hamas –Abu Tir”. Me dijo “¡Mamá! ¿Qué números tenés anotados acá?”. Y claro que no era el único.
Cuando cumplí 50, en su discurso de saludo, mi hijo dijo que no cree que haya muchas madres que tienen guardado en casa un chaleco anti balas y un casco, por las dudas. Los tengo, dicho sea de paso, desde la guerra del 2006 contra Hizbala.
Claro que están también, no sé si decir como anécdotas pero seguro sí como originalidades, los relatos sobre las circunstancias y lugares en los que tengo que sentarme a escribir.
Ya me ha pasado ponerme a terminar un editorial del Semanario Hebreo sentada en el suelo en una misión Jesuítica en Paraguay o enviar unas preguntas a una entrevistada con la que había pactado un reportaje por escrito, parada, desde mi celular, en la cola del supermercado.
Y te cuento que justo estos días, pacté una entrevista con una enfermera del Centro Médico de la Galilea Occidental, el hospital de Naharia, sobre la relación especial que entabló con una mujer siria que llegó allí a recibir tratamiento, junto con sus dos hijos pequeñitos, una situación de por sí singular como ya sabemos. No sé si la entrevista alcanzo a ponerla este jueves o el próximo. La enfermera, nacida en Israel, se llama Smadar Ocampo. Le pregunto de dónde es ese nombre, que seguramente será su apellido de casada, y me dice: “Sí, mi esposo vino de Uruguay”. Increíble…de mil lados posibles, voy yo a entrevistarla y resulta que su esposo es uruguayo. Mis hijos dirían que yo tengo un imán con eso. Y a mí me encanta.
Ana Jerozolimski: mujer, periodista, su vida entre Israel y Uruguay
08/Mar/2018
Por Gabriela Fridmanas para CCIU